Reflexión existencial retomando el cuestionario sobre nuestra práctica docente

Reflexión existencial retomando el cuestionario sobre nuestra práctica docente

por Raymundo Huitrón Torres -
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Llegar a este punto de la carrera docente este curso es un suceso que me marca a mis 27 años en el Colegio, me genera una reflexión muy fuerte y cuestionarme ¿Qué he hecho? Si bien, ya no tengo la inseguridad de los primeros años; creo que domino los contenidos de mi materia, conozco los pasillos de Naucalpan de memoria, conozco sus problemática y sé perfectamente qué hilos mover cuando el grupo se pone difícil, así me cuestiono y mi conciencia me reclama como los hilos conductores desde el Modelo hasta llegar al aula, y me sigo cuestionando ¿Qué he hecho? Este diagnóstico me ha dado una sacudida necesaria y saludable. Me ha permitido darme cuenta de que, sin querer, caí en una de las trampas más humanas de la docencia: dar por sentado el pensamiento de mis alumnos.

Al reflexionar sobre mi práctica, me apasiona lo que hago pero ahora pienso que eso no es suficiente y descubrí una paradoja: me apasiona el origen de las palabras, los movimientos sociales y como repercuten en el alumnado. Pero ahora entiendo que comprender es "atrapar" el conocimiento por completo y sé que el cerebro del adolescente necesita emoción para encenderse, cuando la escuela y sus contenidos son racionalistas. Pero en el día a día, atrapado en la prisa por terminar el programa, termino siendo yo quien se emociona, yo quien hace las analogías brillantes y yo quien organiza el conocimiento de forma expositiva. En realidad, el que está haciendo la metacognición en el salón de clases soy yo, y ahora mismo, así que creo que hay niveles de cognición personal hasta llegar al existencialismo, pues mientras mis estudiantes miran el pizarrón o se pierden en sus pantallas del celular, se van a sus casas (que por cierto vienen de muy lejos) y tal vez regresan sin nada, como llegaron. Y cada vez que escribo me doy cuenta que aún necesito aprender... y mucho.

Reconocer que utilizo "mediana o pocas veces" los rubros del aprendizaje comprensivo, y que la neurodidáctica ha sido un punto ciego por desconocimiento metodológico, no es un fracaso; es una revelación. A mis 27 años de docencia, la Inteligencia Artificial no viene a sustituirme, viene a rescatarme de la rutina o a sepultarme. Me obliga a dejar de ser el "expositor" de contenidos para convertirme en el diseñador de experiencias cercanas a ellos y que se las lleven a casa donde, nuestro alumnado será un docente que llevará el conocimiento ahí en su grupo social.

Mi meta a partir de hoy en TLRIID no será que mis alumnos memoricen qué es una hipótesis o cómo se hace una ficha APA. Mi meta será encender su curiosidad desde los primeros diez minutos de la clase, usar analogías que les vuelen la cabeza y, sobre todo, obligarme a guardar silencio los últimos cinco minutos de la sesión para que sean ellos quienes expliquen qué aprendieron y cómo lo aprendieron.

A mis 27 años en el CCH, renuevo mi voto con el modelo educativo: vuelvo a creer que el alumno es el verdadero protagonista. Me toca dar un paso atrás, soltar el control de la exposición, abrazar el error y todas las vicisitudes de mis estudiantes como el mejor material de trabajo y enseñarles a usar la tecnología no para apagar su mente, sino para aumentar su capacidad de pensar de manera crítica, libre y autónoma. El viaje continúa, y el aula sigue estando viva.

Para dar el salto definitivo hacia la Enseñanza para la Comprensión (EpC) en mis asignaturas, el secreto no está en cambiar los temas que enseño, sino en cambiar lo que tus estudiantes hacen con esos temas. Comprender, como bien sabemos, no es almacenar datos; es desarrollar la capacidad de usar el conocimiento de forma flexible, explicarlo, interpretarlo y aplicarlo en situaciones totalmente nuevas. 

En lugar de ver el programa de estudios como una lista interminable de contenidos que debes "correr" para terminar, selecciona tres o cuatro grandes aprendizajes básico que atraviesen todo tu curso, que estén ligados lo que más se pueda a su contexto situacional, despertando su interés y atención. Las metas de comprensión dicen abiertamente al alumno qué es lo que va a comprender y por qué es importante, plantearlas como preguntas retadoras que despierten la curiosidad del cerebro adolescente. Este es el corazón del marco de la EpC. Trataré que los desempeños sean actividades que obliguen al estudiante a hacer visible su pensamiento y a aplicar lo aprendido en contextos reales.

Mi reto como docente ahora es pasar a la enseñanza para la comprensión, esto es, significará dejar de ser el dueño de la explicación para convertirte en el diseñador de la experiencia. Al soltar el control de la exposición y permitir que mis alumnos investiguen, colaboren, utilicen la tecnología críticamente y se equivoquen, buscaré lograr que el conocimiento deje de ser un dato memorizado y se transforme en una herramienta viva para toda su vida. 

Este documento es una declaración de mi pasado como supuesto docente y tratar de caminar hacia el camino de práctica. Seguiré por el camino, cuesta arriba, cuando el alumno se equivoque en un esquema o en una argumentación, no le pondré una tachadura. Utilizaré ese error conceptual para que, mediante la retroalimentación y la coevaluación entre pares, el estudiante reestructure su propio andamiaje mental, esa será la oportunidad cognitiva, habilidades y conductuales.