En el contexto del curso: “Preguntar para Crear: La Inteligencia Artificial Generativa como Catalizador del Pensamiento Científico y Crítico en el Bachillerato”, considero pertinente reflexionar sobre el neuroaumento no solo como una ampliación tecnológica del aprendizaje, sino como un proceso pedagógico intencional que fortalece la autonomía intelectual del estudiante, el trabajo colaborativo y la construcción del pensamiento científico.
Desde mi práctica docente en CCH, con estudiantes de 3.º y 4.º semestre de Biología II, he trabajado de manera sistemática con el aula invertida, el aprendizaje colaborativo y la aplicación de metodologías activas, partiendo del Modelo Educativo donde el alumno es protagonista de su aprendizaje y el profesor actúa como guía y mediador del proceso. En este enfoque, la educación se concibe como bidireccional, dialógica y situada.
El concepto de Neuroaumento cobra sentido cuando entendemos que el aprendizaje no es únicamente biológico, sino que actualmente se encuentra mediado y potenciado por herramientas digitales, incluida la inteligencia artificial generativa. Estas herramientas, cuando se usan de manera crítica y reflexiva, permiten ampliar la capacidad del estudiante para formular preguntas, analizar información, contrastar fuentes y construir explicaciones científicas, en lugar de limitarse a la memorización de contenidos.
En el modelo de aula invertida, los estudiantes realizan una aproximación inicial a los contenidos de forma autónoma mediante lecturas, videos o recursos digitales. Posteriormente, en el aula, se desarrollan actividades de discusión, resolución de problemas, análisis de casos y trabajo en equipo. En este proceso, la IA generativa puede funcionar como un andamiaje cognitivo, ayudando a los alumnos a generar hipótesis, clarificar conceptos, proponer explicaciones alternativas o reformular preguntas de investigación, siempre bajo la orientación del docente.
El aprendizaje colaborativo resulta clave en este enfoque de Neuroaumento, ya que los estudiantes no trabajan de manera aislada, sino que comparten su investigación individual, contrastan ideas, negocian significados y construyen conocimiento de forma colectiva.
Como docente, la observación participante me permite identificar cómo evolucionan sus procesos de pensamiento, cómo argumentan, cómo justifican sus decisiones y cómo integran la información científica con sus experiencias previas.
Desde la perspectiva Neurodidáctica, este tipo de prácticas favorece el desarrollo de las funciones ejecutivas (particularmente relevantes en el bachillerato) como la autorregulación, la planificación, el pensamiento crítico y la toma de decisiones.
La IA generativa, en este sentido, no sustituye el razonamiento del estudiante, sino que actúa como un recurso que desafía, amplía y estimula el pensamiento, siempre que se integre con intención pedagógica y ética.
Finalmente, considero que hablar de Neuroaumento implica replantear también la evaluación, pasando de exámenes tradicionales a evidencias de aprendizaje que valoren la comprensión, la argumentación científica, el trabajo colaborativo y la capacidad de formular preguntas relevantes. En este marco, el curso de “preguntar para crear” se convierte en una práctica central que articula inteligencia artificial, pensamiento científico y formación crítica en el bachillerato.