Límites de metamorfismo
Límites de metamorfismo
Los cambios metamórficos de las rocas tienen lugar en el interior de la corteza y el manto e inician, para las rocas sedimentarias, después de los cambios diagenéticos y hasta antes de su punto de fusión. Es decir, suelen ocurrir a temperaturas promedio superiores a los 200 °C (o poco menos si la presión es mayor) y presiones promedio superiores a 300 MPa (o algo menores si la temperatura es mayor), presión debida al peso de las rocas superpuestas. Por otro lado, el límite superior, generalmente, tiene lugar a temperaturas mayores a los 550 °C y no sobrepasa los 800 °C.
Límite inferior
Este límite no está bien establecido debido a que algunos fluidos inducen a la roca en un nuevo estado de equilibrio en fase sólida que pueden pertenecer también a procesos de intemperismo o diagenéticos. Por lo tanto, la transición entre la diagénesis y el metamorfismo puede ser difícil de determinar. Un criterio que se usa para establecer el inicio del metamorfismo de bajo grado es la aparición de los primeros minerales metamórficos como son la laumontita, una zeolita que indica la temperatura mínima del metamorfismo, y la lawsonita, a una presión ligeramente más alta. Otro criterio para identificar el inicio del metamorfismo de bajo grado con relación a la diagénesis es la desaparición de espacios porosos. Cuando los sedimentos se depositan y conforme aumenta la carga suprayacente, los espacios porosos se van reduciendo como resultado del peso suprayacente. En condiciones de acumulación de sedimentos se puede dar intercambio de fluidos prevaleciendo las reacciones químicas abiertas. Al perderse completamente los espacios porosos por la compactación, se detiene el intercambio de fluidos quedando las reacciones que se dan lugar en un sistema cerrado.
Límite superior
Cuando la temperatura del interior de la corteza a las que está sometida una roca es muy alta, pero sin alcanzar su punto de fusión, se considera como una roca metamórfica de muy alto grado. Debido a estas condiciones tan extremas, la roca metamórfica puede presentar una textura de grano grueso o granular y carece de foliación. Estas transformaciones ocasionan dificultades para determinar la naturaleza del protolito y pueden ser difíciles de distinguir de las rocas ígneas. En rocas volcánicas es frecuente que se pierdan las vesículas. En rocas sedimentarias, bajo estos regímenes de presión y temperatura, se pierden planos de estratificación, estructuras sedimentarias, y fósiles.